lunes, 11 de febrero de 2013

Splash

Frío al tacto. Lo giras hacia la izquierda y lo abres poco a poco. 
Ocurre lo deseado. Empieza a brotar y choca contra la porcelana rosa.
Lame sus suaves paredes hasta cubrirla y sumergirla en su regazo cada vez más cálido.
Vaporosa, transparente y ondulante. 
Coges el bote azul y lo viertes. Los cristales caen como una cascada, tiñéndolo todo a su paso.
Te arremangas y suavemente introduces un brazo. Lo mueves hacia los lados ayudando a finalizar el proceso de mezcla.
Repites el primer paso pero a la inversa. Vuelves a cogerlo, pero esta vez lo bajas, haciendo que se corte el flujo incesante.
Solo resta sumergirse en el azul.





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